EL PODER DEL ACUERDO #1

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Dios es omnipotente, que significa “que todo lo puede”. Al crearnos a su imagen y semejanza, es uno de los atributos que en su copia (nosotros) a pequeña escala, nos otorga cuando nos dijo “llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar y a las aves del cielo, y a todos los reptiles que se arrastran por el suelo” (Génesis 1:28b).

Pero el hombre ha utilizado erróneamente este “poder” para crear violencia y confusión a través de las armas, el uso inadecuado de la tecnología, la normalización de ideologías y creencias erróneas que hoy están afectando y destruyendo al planeta y a su vez los habitantes; las familias.

Ahora bien, revisaremos el tema de la familia y las relaciones de poder que se observan en sus miembros desde una óptica psicológica y bajo la luz de las escrituras bíblicas, en búsqueda de dar una visión más clara que pueda guiar en el adecuado manejo del poder y a su vez el crecimiento espiritual; de manera que haya oportunidad de desarrollar un fortalecimiento integral de todos los padres, hijos y abuelos.

Cuando era niño mi padre decía “aquí mando yo”; mi madre contestaba “manda, pero la mano al bolsillo”; refiriéndose a que era el responsable de los gastos económicos del hogar y aún, con ese rol de proveedor, no tenía el poder de tomar todas las decisiones de la familia.

Es así, que primero debemos hacer conciencia acerca de cómo es la dinámica familiar (funcionamiento de la familia), analizando las relaciones de poder que existen, para garantizar y procurar que sean funcionales, equilibradas y saludables para todos los miembros, en caso contrario, podrían estar afectando la salud mental y biológica de algún miembro del sistema cuando se vuelven coercitivas o en otros casos permisivas; dichas relaciones de poder moldean personalidades y actitudes en nosotros de acuerdo a cada “etapa del ciclo vital” (Etapas del desarrollo humano como primera infancia, infancia, adolescencia Etc.)

Sin embargo, estas relaciones de poder están influenciadas por la cultura de cada país, región, incluso de cada familia; dado que, los patrones de conductas están permeados por el contexto o el territorio, debido a sus diferentes costumbres y su “cosmovisión” (manera de ver e interpretar el mundo); que, a su vez, son construcciones sociales heredadas a través del tiempo. Un ejemplo, es el fenómeno del “machismo” que en diversas ocasiones las aptitudes, creencias o acciones de un ser humano machista están heredadas o impregnadas de un concepto construido bajo la percepción de que esa es la forma correcta; pero en realidad, aún hoy es un problema psicosocial que las familias normalizan, replicando situaciones cotidianas machistas.

Desde mi experiencia en el ejercicio profesional en salud mental y el trabajo social con familias vulnerables de Colombia, he logrado ver infinidad de casos en donde los padres con los hijos viven en la casa de los abuelos y, estos últimos, por el hecho de ser los propietarios del inmueble y estar proporcionando un apoyo importante a la familia, ejercían poder de favorecimiento hacia los nietos, de tal forma que, desautorizaban a los padres al momento de realizar alguna corrección; llevando así, a formar hijos con insuficientes aprendizajes en normas y límites, manifestándose así, conductas des-adaptativas como las “rabietas” o “pataletas”, al sentirse protegido o respaldado por sus abuelos; despreciando valores tan valiosos, como respeto y la obediencia.

Por otro lado, hay que realizar movimientos en el sistema familiar que generen cambios. Es decir, no quedarnos en hacer conciencia, análisis y reflexión solamente.

Cada familia es una historia y una dinámica única, así que, al realizar el análisis de las relaciones de poder de la familia e identificar en dónde se presenta la desregulación de poder, se deben implementar ajustes que permitan que el sistema (familia) crezca y funcione adecuadamente sin que se afecten sus miembros. La biblia nos dice:

“por tanto, el hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su esposa”

Mateo 19:4a

Aquí la palabra nos enseña una orientación sabia y apoyada bajo la cobertura espiritual y por la ciencia de la psicología, donde nos refleja que la unidad familiar separada de otros sistemas (abuelos) muestra un mejor funcionamiento al momento de ejercer autoridad parental.

Al mismo tiempo, podemos tomar como ejemplo a nuestro Dios, un Dios en tres personas (unidad de poder), con su nombres y roles, Dios padre creador, Jesús hijo salvador, Espíritu Santo consolador, un solo Dios, y al ser su imagen y semejanza y Él mismo al decir que el hombre y la mujer ya no será dos, si no uno solo, es posible tomar esta unidad perfecta de poder (Dios) y procurar que en la familia de acuerdo a los roles (padres, hijos y abuelos), se establezca una unidad de poder funcional, en donde las situaciones y decisiones que se presenten sean discutidas con sabiduría y argumentos; dejando de lado la altivez y la arrogancia del ego que nos lleva a querer tener la razón y ser ´”el que manda aquí”; reconociendo que no todo lo sabemos y que dos siempre serán mejor que uno, en todo, en los proyectos, la crianza, el manejo de las fianzas, entre otros.

En conclusión, el poder de forma consiente, auténtico, con humildad, reconociendo al otro y bajo la cobertura de Dios, producirá en la familia unidad y Acuerdo que es una de los temas que estaremos profundizando y revisando en la segunda parte. “Porque si dos se pusieren de acuerdo…” (Mateo 18: 19)               

Referencias Bibliográficas

Easton, David; Política Moderna; Ed. Letras, México, 1968. p. 149. Tomado de www//efaidnbmnnnibpcajpcglclefindmkaj/https://scielo.conicyt.cl/pdf/polis/v9n25/art22.pdf

Friedrich, Carl; El hombre y el Gobierno; 1968, p. 182. Tomado de www//efaidnbmnnnibpcajpcglclefindmkaj/https://scielo.conicyt.cl/pdf/polis/v9n25/art22.pdf

Maturana, H. R. (2004). Transformación en la convivencia. JC Sáez Editor.

Biblia, S. (1999). Nueva Versión Internacional. Miami: Sociedad Bíblica Internacional, Editorial Vida, 26-27.